En la Parte 25 identificamos las diez naciones geográficas y modernas que conformarán la coalición final del imperio de la bestia. Dando continuidad al capítulo 17 de Apocalipsis, este estudio aborda la identidad, el juicio y la caída definitiva de la figura conocida como la Gran Ramera o Babilonia la Grande.
1. Las siete características bíblicas de la mujer
El texto de Apocalipsis 17:1-18, 18:1-24 y 19:1-8 ofrece rasgos concretos para descifrar la identidad de este sistema religioso y político:
- Alcance universal: Sentada sobre «muchas aguas», que el versículo 15 interpreta explícitamente como pueblos, multitudes, naciones y lenguas.
- Relación con la bestia: Montada sobre la bestia escarlata, lo que indica una alianza temporal con el sistema del gobernante escatológico.
- Fornicación con los reyes de la tierra: En el lenguaje profético del Antiguo Testamento, la fornicación alude directamente a la idolatría, el compromiso espiritual y el sincretismo religioso.
- Blasfemia y apostasía: Vestida de púrpura y escarlata, ataviada de oro y piedras preciosas, sosteniendo un cáliz lleno de abominaciones y de inmundicia de su fornicación.
- Ebria de la sangre de los santos: Responsable del martirio y la persecución de los creyentes a lo largo de la historia.
- Traición y destrucción final: Los diez cuernos (reinos) y la bestia terminarán aborreciéndola, dejándola desolada, desnuda, devorando sus carnes y quemándola a fuego.
- Identificación geográfica explícita: Apocalipsis 17:18 concluye señalando que la mujer es «aquella gran ciudad que tiene dominio sobre los reyes de la tierra».
2. Identificación histórica y patrística: La apóstata ciudad de Roma
Para evitar anacronismos históricos, debe considerarse que los creyentes del primer siglo y de la Iglesia primitiva comprendían con claridad la referencia de Juan. En el contexto de la redacción del Apocalipsis, la «gran ciudad que domina sobre las naciones» y que está erigida sobre siete montes (Apocalipsis 17:9) aludía directamente a la ciudad de Roma.
Teólogos del siglo II y III, como Tertuliano de Cartago y Victorino de Petovio, reafirmaron en sus tratados que «Babilonia» funcionaba como la figura profética de Roma por su poderío, su orgullo y su persecución contra los santos. Asimismo, Hipólito de Roma (hacia el año 200 d.C., en su obra Sobre el Anticristo, caps. 29-42) dedicó una extensa sección a explicar que la Gran Ramera representa al sistema idolátrico y apóstata centrado en Roma, el cual perdura y se condensa en la sede religiosa del Vaticano.
3. Sentencia, caída y lamento comercial (Apocalipsis 18)
El capítulo 18 detalla la sentencia divina sobre este sistema en un solo día. La voz celestial emite una llamada de separación para los creyentes: «Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas» (Apocalipsis 18:4).
La destrucción de la ciudad provoca el lamento de los reyes, mercaderes y navegantes del mundo, no por afecto espiritual, sino por la ruina del comercio, las riquezas y el tráfico de mercaderías que incluía «cuerpos y almas de hombres» (Apocalipsis 18:13). Con el colapso de este centro de influencia, se venga la sangre de los profetas y de los santos.
4. Gozo celestial y las Bodas del Cordero (Apocalipsis 19:1-8)
Tras el juicio sobre la falsa estructura religiosa, el cielo estalla en alabanza con el cántico del «Aleluya» (Apocalipsis 19:1-3). La erradicación de la Ramera abre paso a la manifestación de la verdadera esposa de Cristo: la Iglesia genuina, ataviada de lino fino, limpio y resplandeciente (que representa las acciones justas de los santos), preparada para la celebración de las Bodas del Cordero.
Este es el vigesimosexto estudio de la serie sobre el libro de Apocalipsis.
Continuá con la Parte 27: Los Cuatro Ángeles del Gran Río Éufrates.
