Los dos testigos vestidos de cilicio profetizando en Jerusalén ante el templo, Apocalipsis 11


En la Parte 19 analizamos el origen geográfico de la primera bestia y la cronología de su ascenso al poder. En esta entrega nos adentramos en el capítulo 11 de Apocalipsis para examinar la orden de medir el santuario, la edificación del Tercer Templo y el ministerio profético de los dos testigos durante la primera mitad de la semana 70 de Daniel.

1. La medición del templo y las equivalencias de tiempo profético

Apocalipsis 11:1-2 inicia con la instrucción dada al apóstol Juan de medir con una caña el santuario de Dios, el altar y a los adoradores, dejando fuera el atrio exterior por haber sido entregado a los gentiles. Este mandato sitúa la escatología en el contexto de un templo físico restablecido en Jerusalén.

Aunque la teología neotestamentaria afirma categóricamente que Jesucristo y su Iglesia constituyen el templo verdadero y definitivo, la profecía contempla la reconstrucción de un edificio de piedra en Jerusalén para el tiempo del fin. Como explicaba el teólogo Hipólito de Roma (año 200 d.C.) en su obra El Anticristo (capítulo 6), mientras Cristo resucitó demostrando que su propio cuerpo era el templo vivo, el engañador intentará imitarle levantando un templo de piedra en Jerusalén.

En el lenguaje de la apocalíptica bíblica —fundamentado en las «semanas de años» de Levítico 25:8 y Daniel 9—, la mitad de la semana 70 (tres años y medio) se expresa mediante cuatro fórmulas numéricas equivalentes:

  • 42 meses: Tiempo en que los gentiles pisotearán la ciudad santa (Apocalipsis 11:2).
  • 1.260 días: Periodo exacto en que los dos testigos profetizarán vestidos de cilicio (Apocalipsis 11:3).
  • Tres días y medio: Tiempo en que sus cadáveres yacerán expuestos en la plaza (Apocalipsis 11:9).
  • Tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo: Un año, dos años y medio año (Daniel 7:25; Apocalipsis 12:14).

2. Poder, señales y autoridad de los dos testigos

Apocalipsis 11:4 identifica a estas dos figuras como «los dos olivos y los dos candelabros que están en pie delante del Señor de la tierra». Durante sus 1.260 días de predicación en la primera mitad de la tribulación, despliegan una autoridad sobrenatural para respaldar su llamado al arrepentimiento:

  • Protección sobrenatural: Si alguno intenta hacerles daño, fuego sale de su boca y devora a sus enemigos.
  • Poder sobre la naturaleza: Tienen potestad para cerrar el cielo y evitar que llueva durante los días de su profecía.
  • Juicio sobre las aguas y plagas: Tienen autoridad para convertir las aguas en sangre y herir la tierra con toda clase de plagas cuantas veces lo requieran.

3. Identidad profética e interpretación patrística

A lo largo de la historia de la exégesis bíblica se han planteado tres posturas principales sobre la identidad de estos dos personajes:

  1. Moisés y Elías: Basado en el paralelismo directo de sus señales (el fuego y la sequía en el ministerio de Elías en 1 Reyes 17-18; las plagas y la conversión de aguas en sangre por mano de Moisés en Éxodo 7).
  2. El sumo sacerdote Josué y el gobernador Zorobabel: Basado en Zacarías 4, donde ambos personajes del posexilio son identificados explícitamente como los dos olivos y las dos ramas que vierten aceite junto al candelabro de la menorá.
  3. Enoc y Elías (La postura predominante de la Iglesia primitiva): Los teólogos de los primeros siglos —encabezados por Hipólito de Roma en el capítulo 43 de su tratado— afirmaron sin vacilación que los dos testigos son Enoc y Elías. Esta interpretación destaca que ambos patriarcas fueron traspuestos al cielo sin experimentar la muerte física en el Antiguo Testamento (Génesis 5:24; 2 Reyes 2). Además, Elías anunció el camino de la primera venida en el espíritu enviado a Juan el Bautista, mientras que Enoc fue el primer profeta registrado en la Escritura en anunciar la Segunda Venida victoriosa de Cristo para ejecutar juicio (Judas 1:14-15).

4. Muerte, exhibición global y resurrección en Jerusalén

Al finalizar sus 1.260 días de testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará (Apocalipsis 11:7). En un acto de deshumanización extrema, la humanidad celebrará su caída enviándose regalos y negándoles sepultura durante tres días y medio (tres años y medio proféticos o un periodo simbólico de exposición). Sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad, calificada espiritualmente como «Sodoma» (por su inmoralidad) y «Egipto» (por su opresión), donde también su Señor fue crucificado: Jerusalén.

Apocalipsis 11:9 destaca que personas de todos los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres. Este detalle exige la existencia de tecnología moderna de telecomunicaciones y transmisión global en tiempo real. Al cabo del tiempo decretado, el aliento de vida de Dios entrará en ellos, se levantarán sobre sus pies infundiendo un gran temor, y ascenderán al cielo en una nube a la vista de sus enemigos.

5. El juicio sobre la ciudad y el fin del segundo «¡Ay!»

En la misma hora de su resurrección y ascensión, un violento terremoto sacudirá Jerusalén, colapsando la décima parte de la ciudad y provocando la muerte de 7.000 personas (Apocalipsis 11:13). Este juicio infundirá temor en los supervivientes, llevándoles a dar gloria al Dios del cielo y marcando la conclusión del segundo «¡Ay!» profético antes del desatamiento final.

Este es el vigésimo estudio de la serie sobre el libro de Apocalipsis.

Continuá con la Parte 21: La Abominación Desoladora y el Eje de la Semana 70.